La mayoría del feedback que recibimos en el trabajo es inútil. O es vago — "vas bien", "podrías mejorar" — o es agresivo, o llega tarde, o se da delante de gente que no toca. Y casi nunca cambia nada.
No es que la gente no sepa dar feedback. Es que tiene miedo de hacerlo. Miedo a herir, miedo a ser percibido como crítico, miedo a la reacción del otro. Y ese miedo genera dos extremos igual de malos: el silencio cómodo o el estallido tardío.
El feedback que sí funciona
Un buen feedback cumple tres condiciones: es concreto, es oportuno y es privado. Concreto significa que se refiere a un comportamiento específico, no a un rasgo de personalidad. No "eres desorganizado", sino "en la reunión del martes llegaste sin la documentación que habías comprometido". Oportuno significa que se da cerca del hecho, no tres semanas después. Privado significa que se hace cara a cara, sin público.
Y una cuarta condición que a menudo se olvida: el buen feedback se da con una intención clara. No para descargar, no para corregir, no para tener razón. Para ayudar a la otra persona a hacer algo mejor.
El feedback honesto duele un momento. El silencio duele mucho más tiempo.
Recibir feedback es más difícil
Sabemos que recibir críticas es incómodo. Lo que olvidamos es que recibir bien el feedback es una habilidad — se entrena. La trampa habitual es ponerse a defenderse antes de haber escuchado. Otra trampa: tomarse personalmente lo que es profesional. Otra: aceptar todo sin filtrar.
Lo que funciona: escuchar hasta el final sin interrumpir. Preguntar para entender mejor. Tomarse 24 horas antes de responder si lo que se dijo te ha removido. Y luego decidir, con calma, qué de lo recibido es útil para ti y qué descartas.
La cultura del feedback
En equipos donde el feedback es habitual, nadie se sorprende. Hay menos tensión acumulada, menos malentendidos arrastrados, menos resentimientos enterrados. Las conversaciones difíciles se hacen más fáciles cuando son frecuentes y cortas, no raras y largas.
No se trata de criticar más. Se trata de hablar más claro. El feedback no es un evento — es una forma de relación.
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